Octubre 23, 2009
Octubre 6, 2009
Primera Reseña de Nostromo “Parricio Intelectual”
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Tomado de: Nuevo Mundo, Mundos Nuevos
“Parricidio Intelectual”, NOSTROMO. Revista Crítica Latinoamericana, año I, n°1, Invierno 2007, México DF, Colegio de Chihuahua AC / PUMC de la UNAM, 200 p.
Por: María Eugenia Albornoz Vásquez
Nostromo es una joven y densa revista que vierte sobre la realidad y la sociedad latinoamericana una mirada incisiva y profunda, que al mismo tiempo hinca la pluma y el diente hasta la médula y que no suelta su presa sino hasta después de haber masticado agudamente, incluso ácida y cruelmente, varias de sus aristas, pliegues y honduras.
Osado proyecto que aplaudimos, Nostromo es viento fresco y sangre nueva, dupla que viene a remover con entusiasmo pilares que se pretendían inamovibles, a sacudir con preguntas impertinentes y lúcidas varios baúles un tanto vacíos, sobre todo pesadamente fijos, de nuestro salón continental. De hecho, ésa es la envergadura de la mirada : una de las ambiciones de los editores y redactores de Nostromo es generar puentes trans-fronterizos, convertirse en pasadores y receptáculos internacionales, abrir verdaderos caminos intercontinentales hacia un debate de calidad que implique también, necesariamente, a los más jóvenes y que desincruste, entonces, nombres y sombras, límites y parcelas añejos. La idea es generar espacios que acojan e impulsen la verdadera co-existencia de varias miradas americanas, poner codo a codo cabezas y manos provenientes de distintos rincones en un trabajo conjunto, mixto, compartido, reunido. Pero atención, nadie quiere alisar ni limar diferencias hacia un perfil único : por el contrario, se insiste en acoger diferencias y reconocer originalidades en una misma marcha intelectual de escritura conversada, enraizada en sujetos encarnados que cuestionan e interrogan, responsablemente, porque son capaces de sacudir imágenes, de inventar desde la crítica lo que ya empieza a ser, pero que cuesta tanto escuchar y difundir.
El viaje intelectual de Nostromo se instala en los signos del mar, todo se propone aquí según el lenguaje de la navegación. Cinco secciones organizan los contenidos de la revista : Timón, que es la editorial ; Nudos, que es el planteamiento teórico y crítico para situar cada número temático ; Navegaciones, que acoge las tres grandes líneas de reflexión y debate (Política, Letras y Cultura) más un Cuaderno de Bitácora, que muestra un pulso concreto como abordaje de la situación ; Sotavento, con reseñas críticas y reacciones comentadas de lo que se publica y circula en los mercados culturales ; y Barlovento, que genera un lugar para ensayos personales. Siguiendo la apuesta por la multi-expresión, se adjunta un cuadernillo destinado a exponer creaciones seleccionadas de algún artista, en lo que se denomina Nostromo/Arte.
Esta apuesta plural surge de un Colectivo obstinado en la necesidad de borrar individualidades ; es una opción que descoloca, quedamos desprovistos de referentes para situar los bagajes intelectuales de los autores. Las informaciones que los conciernes se reducen al mínimo : nombre y bibliografía utilizada, es todo ; nada de disciplinas recorridas, grados académicos ni institución de pertenencia, no se inscriben redes ni solidaridades comprometidas. Así, sólo sabemos que se trata de un equipo hispano parlante con referencias occidentales amplias y que Nostromo gusta definirse como objeto cultural. Que es un proyecto largamente pensado y seriamente trabajado, que toma metáforas y nociones del lenguaje vivo, del mundo cinematográfico, y también de la web, para desmenuzar discursos desde hablas y pensamientos nuevos y mezclados. La interrogación, nunca simplista ni banal, no elude claves intrincadas ni símbolos delicados – de vanguardia o añejos y sacrosantos – sino que los re-utiliza para testear qué tienen de vigente, cómo ocultan o iluminan, qué pueden decir de pertinente y cómo sobreviven junto a otros, en solitario o convocantes.
Premunidos de ese propósito cuidadosamente preparado, los editores y redactores, coordinados por Horacio Crespo, titularon su primer número, éste que presentamos, “Parricidio Intelectual”. “Nudo iniciático”, paso de origen y rito de entrada, reúne exploraciones contemporáneas sobre el ahogo mental, espiritual e identitario que generan las ideas preconcebidas, eso de que los padres son intocables o por el contrario, necesariamente víctimas de los hijos. La autoridad, verticalidad, jerarquía y orden se desperfilan junto a las dudas, las sombras, la incertidumbre, la mentira y la inconstancia. Son reflexiones concretamente apoyadas sobre el peso y la ausencia de una marca generacional que origina y que también opaca, en la historia, la política, la creación, el discurso, la expresión, el soñar y el existir de los y las americanos.
Así por ejemplo, junto a un dossier sobre la vapuleada Venezuela de este siglo XXI, que ataca el conjunto “militares, poder, política y sociedad”, encontramos, entre otros varios trabajos, una aproximación a los parricidas en el cine continental y distintas reflexiones sobre los vínculos de “lugares sociales” como Chile, Colombia y Nicaragua con sus padres simbólicos y sus padres históricos, los de oro y los de barro, los petrificados y los brillantes. Los artículos son encuentros con fantasmas y también son paseos con los personajes de obras literarias – fundantes o efímeras, no es ése el punto – que hablan, gritan o evocan las paternidades de y en esta Latinoamérica nuestra, a veces tan poco crítica, subterránea y estridente a la vez.
El tema escuece porque su peso histórico en nuestro continente es abrumador, y la estética, la filosofía o la poesía no bastan para abordar todas las capas que lo habitan. Los autores lo saben y por eso brindan trazos incompletos, que empujan al lector a hacer dos gestos : el interno de profundizar los propios recuerdos y referentes y el externo de discutir con los discursos develados. Pequeñas bibliografías excelentes junto a notas al pie precisas completan una lectura que – albergada en una diagramación salpicada de detalles marinos – se eleva feliz hacia otras reflexiones. Es un placer dejarse guiar e influenciar por los cruces sugeridos, hace tiempo que no encontrábamos tan agradable y estimulante provocación intelectual, verdadera inteligencia toca decir, en las publicaciones latinas.
Precisamente esta agudeza crítica y esta solvencia de pensamiento fueron los que convencieron a las instituciones que auspician Nostromo : esta revista está financiada por la reunión de varios fondos (El Colegio de Chihuahua y por la UNAM, entre otros), especialmente dispuestos a apoyar iniciativas innovadoras desarrolladas mayoritariamente por las generaciones jóvenes. De acuerdo a lo que se anuncia, los siguientes números se destinarán a los Estudios Latinoamericanos (n°2, ya publicado), las Fronteras (n°3) y a las Vanguardias (n°4). Además el colectivo Nostromo mantiene un sitio web donde varios de los artículos se encuentran disponibles, <http ://www.revistanostromo.net/portada.html>. ¡Enhorabuena y feliz continuación!
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Para citar este artículo
Referencia electrónica
María Eugenia Albornoz Vásquez, « “Parricidio Intelectual”, NOSTROMO. Revista Crítica Latinoamericana, año I, n°1, Invierno 2007, México DF, Colegio de Chihuahua AC / PUMC de la UNAM, 200 p. », Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Reseñas de libros y CD roms, 2009, [En línea], Puesto en línea el 17 septembre 2009. URL : http://nuevomundo.revues.org/index56895.html. Consultado el 06 octobre 2009.
Septiembre 3, 2009
Yo, sinceramente, no creo que Mafalda esté ahí solita. Creo que está más que acompañada de las legiones de personas que conformamos su ejército de admiradores, seguidores y émulos. Al menos a mí, el corazón me da un vuelco juguetón cuando veo la imagen de la pequeña sentada en esa banca [la pequeña, ¡vaya con el espíritu animista!]. Habrá más de uno que irá a sentarse ahí aunque sea por el puro pretexto de sacarse una foto. Inicia la época rock star de Mafalda. Yo también quiero mi foto.
Agosto 27, 2009
La Revolución Francesa: ¿Matriz de las revoluciones?
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Agosto 17, 2009
Agosto 9, 2009
Julio 30, 2009
-Así que argentino…
-Sí.
-”Sencishito y carihmático” -dice ella y se larga a reír.
Yo también me río, para no contrariarla ni romper este instante, pero por dentro pienso por qué esa generalización mexicana del argentino como un ser pedante, engreído. ¿Será simplemente un contraste inevitable de usos y costumbres entre un país formal y cortés como es México, donde por ejemplo en un bar del centro de esta misma ciudad pude ver un cartel que decía El baño no es público: por favor; evíteme el disgusto de tener que negárselo, y otro como Argentina , en cuyo caso el cartel no me consta, pero diría nada más que El baño no se presta o algo así? ¿O será que una conquista más brutal y conflictiva, quizá no tan basada en el exterminio como en el dominio de la población prehispánica, hizo de México un país más servil que Argentina, un país con una especie de complejo de inferioridad, que cuando no escucha lo que le dicen en vez de preguntar “cómo dijo” prefiere pedir “mande”? ¿O tendrá razón el Gringo Battaglia -desde su posición autoproclamada de cordobés entendido en la materia porque ha hecho uno que otro viaje al extranjero- cuando nos decía que la imagen de los argentinos en el exterior es la que se tiene en el interior de Argentina respecto de los capitalinos, es decir los porteños, que con su espíritu creído y fanfarrón -palabras del Gringo Battaglia- “salen a pasear por el mundo creyéndose los námber uán para de paso hacernos quedar como una reverenda mierda a todo el resto del país, cuando los únicos agrandados son ellos, los de Buenos Aires”? Mmm, no sé. No creo, es un enfoque demasiado parcial. ¿Quizá tenga que ver en esta imagen el hecho de que buena parte de los argentinos que viven aquí en México hayan sido exiliados a causa de los gobiernos militares, gobiernos que no querían a ciertos intelectuales, precisamente a los que estudiaban en la Facultad de Filosofía y Letras, en la de Ciencias de la Informacion, en la de Ciencias Políticas y en otras que eran peligrosas porque en ellas se pensaba demasiado; gobiernos que ocasionaron que toda esa gente que pensaba demasiado viniera a pensar acá, pensando en el camino que ellos pensaban mucho y que por eso se habían tenido que ir, pensando al llegar que ellos pensaban tanto que aquí eran los únicos que pensaban, pensando tanto en estas cosas que terminaron creyéndoselo, forjando así ese engreimiento percibido, aunque no necesariamente real, que hace que aquí se piense tan mal de todos nosotros?
No sé. Yo no soy quién para hacer estas preguntas. Mucho menos para responderlas.
Martín Cristal, Bares vacíos, pp. 108-109.
Julio 28, 2009
Quienes hemos estado en La Habana comprendemos los requiebres del lector, compartimos su estupor, su rabia, su impotencia. ¿Qué hacer ante la realidad que sacude de manera violenta cualquier intento de comprensión de la realidad que le ha tocado habitar? Uno escucha las risas de fondo y se da cuenta que son risas nerviosas, temerosas de que en el resto del público esté metido un informante, un policía, un “auténtico revolucionario”.
Y las verdades amargas sólo traen silencios con risas ahogadas. Silencios con pausas que no amedrentan al lector. Ése que no sabe en qué lugar del mundo estará mañana, pero vive en La Habana y es lo que le importa. En sí, no habla de la ciudad como habla del país entero, de la situación política y de la historia que pareció congelarse hace medio siglo en una hermosa utopía proyectada al futuro con un poco, o un mucho, de distorsión.
Y hay quien dice que el compromiso político es cosa seria y solemne. A este tipo no le cae la definición, habla de lo más serio que se puede hablar en la isla (la propia realidad) y lo hace apelando al humor.
Sin embargo, también es cierto que para el que dice verdades amargas, las risas y sonrisas sólo pueden ser de la misma naturaleza.
Julio 27, 2009
Cuantas veces oí, de boca de algún señor con el que no tenía ningún punto de contacto, la frase:
-Te entiendo perfectamente. Yo también fui joven.
Y no me entendía. Ni imperfectamente ni nada.
Y en este sentido, hay que aceptarlo, nuestra generación tiene una gran ventaja. Cuando menos, sospecha que no entiende.
En estas páginas ha quedado patente, más de una vez, la idolatría que siento por la literatura y el periodismo de opinión de Jorge Ibargüengoitia. Incluso alguna vez me atreví a exponer algunas inmaduras ideas acerca de esa relación indisoluble en la obra de este escritor en un evento académico en la UNAM. En donde la irreverencia del autor contrastó con las obras de otros autores analizados. Y es que Ibargüengoitia puede hablar de cosas sumamente serias, pero con un desparpajo que nos envía de manera casi inmediata al mingitorio.
Con esta escatológica referencia es que les cuento que terminé de leer (sí, mis vacaciones las estoy usando para leer como no lo había hecho en un buen rato) Misterios de la vida diaria, una recopilación de los artículos que el autor escribió para Excélsior entre 1968 y 1976. En este libro se encarga de pasar lista a una serie de situaciones que se vivían [se viven] en el México heredado por los gobiernos revolucionarios [y los gobiernos del cambio], porque si hemos de decir algo sobre este texto es que, a pesar de mediar más de 30 años que sus textos fueron hechos, los juicios vertidos tienen mayor actualidad que nunca.
Es notable la capacidad que tiene Ibargüengoitia para analizar fríamente casi cualquier tema con un sentido del humor que lo va haciendo cada vez más referencia obligada en este rubro. Y también es notable la indiferencia con la que el mundo literario lo trató, y lo sigue tratando, aunque no falta un aventurero del otro lado del mar que de repente lo descubre y se maravilla. Y no faltará también el enterado que en un esfuerzo incluso personal lo saque a la luz de los no iluminados, como hizo Javier Marías con la edición de Revolución en el jardín en su Reino de Redonda (la crónica que da título al libro está en Joaquín Mortiz en México en el volumen Viajes por la América ignota).
Pero decía que leí Misterios… y me pareció uno de los libros más lúcidos del ilustre cuevanense. Dividido en cinco partes: “En el orden acostumbrado”, “Cómo educar a los hijos”, “Homenaje al comercio”, “Escaparate nacional” y “Los sucesos y los comentarios”, el libro se deja leer de principio a fin como si estuviéramos leyendo la realidad de los sucesos en México, no de hace treinta años, sino los actuales e irresueltos. Y es que con desparpajo, al autor no se le dificulta en ningún sentido ir de los inconvenientes de las obras públicas, a la crítica del papel de la policía en las redadas, a la ridiculez de la burguesía recién llegada, a los regalos de Navidad, al culto irracional del futbol y la estupidez de los comentaristas, al vedettismo de los intelectuales en sus reuniones y mesas redondas, en fin, a casi cualquier cosa que se le atravesaba.
Quede como testimonio estos tres fragmentos de tres cuestiones completamente distintas.
De la Universidad Nacional y la necesidad de reformular su financiamiento:
Además de fomentar la dependencia de la universidad en el subsidio oficial, las bajas colegiaturas han formado en el mexicano medio la idea completamente errónea de que la educación es gratuita, que es una de las grandes taras de la sociedad.
Sobre la diferencia entre borracho de tiempo completo y alcohólico:
El que no sabe cree que el hombre que anda tristeando hasta que no le dan su copa es una alcohólico. Falso. La diferencia entre el borracho de tiempo completo (PC) y el alcohólico es clarísima: no está en el consumo -hay borrachos PC que beben más que cualquier alcohólico- sino en el motivo y en los efectos. El alcohólico bebe porque necesita beber -para olvidar, para acordarse, para calmarse, para atreverse, etcétera- el borracho PC bebe porque tiene ganas y porque el alcohol forma parte fundamental de la estructura de su vida. El alcohólico es un señor que un día va a pedir trabajo y siente que no se atreve a salir de su casa, a las nueve de la mañana, sin antes tomarse un trago. El borracho PC no necesita pedir trabajo.
Sobre el quesque descubierto “Voto en blanco” (el autor se refiere a las elecciones de 1970):
Si descartamos la abstención como actitud y no estamos de acuerdo con la situación política, nos enfrentamos ante la disyuntiva de por quién votar o cómo demostrar nuestra inconformidad al hacerlo.
Una de las posibilidades consiste en votar por la oposición. Ésta es la solución que recomiendan los colombianos, grandes maestros en el arte de la protesta cívica. La última vez que la ejercieron estuvieron a punto de quedarse con Rojas Pinilla de presidente, lo cual hubiera sido probablemente la más fúnebre de todas las perspectivas posibles. En nuestro caso sería lo mismo. Digo yo.
Para el que quiere protestar votando quedan dos posibilidades: poner un candidato independiente o inexistente, o bien, invalidar la boleta. En el primer caso, si hay suficientes votantes que sigan ese camino, se corre el riesgo de tener a Cantinflas de presidente. En el segundo, no se corre ningún riesgo, sino que pasa uno automáticamente a confundirse con la multitud de imbéciles que no saben cómo llenar boletas.
Hemos agotado todas las posibilidades del voto como protesta.
Obvio que lo único que tengo que decir es que si no han leído a Ibargüengoitia, ¿qué esperan?
Jorge Ibargüengoitia, Misterios de la vida diaria, México, Joaquín Mortiz, 2005.






