“No quiero sonar como uno de esos malignos aguafiestas que no se cansan de embutirnos su amargura y señalan una y otra vez que América Latina nada tendría que festejar en 2010”. Lo anterior lo dice Jorge Volpi en alguna de las páginas finales de su libro El insomnio de Bolívar. Cuatro consideraciones intempestivas sobre América Latina en el siglo XXI. Yo me siento más parte de los “malignos aguafiestas” que de los celebradores irreflexivos. Y creo que Volpi se encuentra también un tanto hacia los aguafiestas al tratar de desgranar las conclusiones que se pueden ubicar en este libro, pero le cuesta resignarse a echar a perder las fiestas, incluso, de un gobierno del que forma parte.
         El adjetivo “intempestivo” se encuentra utilizado de manera más que atinada. Dentro de ese análisis que Volpi hace de la situación contemporánea (dejando de lado de manera “intempestiva” también, la posibilidad de recuperar muchos elementos del proceso histórico de América Latina que lo obligarían a matizar diversas afirmaciones), decide elaborar un diagnóstico desde el presente y proyectarlo a un futuro que marca la posibilidad de una integración (ante todo económica) con la otra América, y, en ese sentido, cumplir con el sueño de Bolívar de conseguir una América integrada (con los Estados Unidos). Una ficción político-histórica que Volpi denomina los Estados Unidos de las Américas (EUA).
         Dotado de una pluma privilegiada y un ritmo que se acomoda en muchas partes de mejor manera en el ensayo que en la narrativa, Volpi cuestiona la existencia de la idea de América Latina como un ente que pueda ser definido de manera determinante y homogénea. Su primera consideración, “Deshacer la América”, marca ya la línea que animara las reflexiones posteriores: una tesis que ha servido, sobre todo en los últimos días de constante campaña publicitaria del volumen, para generar una polémica que en el punto más álgida se vuelve más estéril, en tanto no permite acuerdos reflexivos y críticos, sino más separación entre los “aguafiestas” y “los otros”. La conclusión de la primera consideración es más que clara:

Resumo: nada de lo que distinguió a América Latina en el siglo XX queda en pie. Se marcharon dictadores y guerrilleros; el realismo mágico© y nuestro exotismo tropical han perdido su atractivo; los intercambios culturales entre nuestros países se han vuelto irrelevantes; y las altas y bajas de la democracia nos han normalizado hasta el aburrimiento. Preguntémonos entonces, otra vez, ¿qué compartimos, en exclusiva, los latinoamericanos? ¿Lo mismo de siempre: la lengua, las tradiciones católicas, el derecho romano, unas cuantas costumbres de incierto origen indígena o africano y el recelo, ahora transformado en chistes y gracejadas, hacia España y Estados Unidos? ¿Es todo? ¿Después de dos siglos de vida independiente eso es todo? ¿De verdad?

Cabría acotar que “lo mismo de siempre” alude al estereotipo que rodea a la construcción de la imagen de lo latinoamericano en el siglo XX, y a cuestiones que pensadores, escritores y filósofos han tratado de desentrañar durante largo tiempo. Curioso resulta que, a pesar de citar a Carlos Monsiváis (probablemente otro “aguafiestas”), no haya reparado en otra larga lista de elementos que, también, acercan y definen a América Latina. Menciona Monsiváis en “Ínclitas razas ubérrimas” en Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina:

[...] si no queremos tomar en cuenta los grandes procesos formativos de la lengua y las similitudes históricas, basta sumar algunos elementos: el aspecto de las ciudades (bellezas naturales y logros arquitectónicos aparte) uniformadas por las prisas de la rentabilidad, las opresiones de la deuda externa, la concentración monstruosa del ingreso, las asimilaciones incesantes de la americanización, los efectos de la economía neoliberal, el papel rector del analfabetismo funcional, los resultados más bien fatídicos de la moda en arquitectura y artes plásticas, las zonas del arrasamiento ecológico y los niveles de contaminación causados por el capitalismo salvaje, el auge del desempleo y el subempleo, el fracaso de la educación pública y, para el caso, de la educación privada, que sin embargo se compensa por el éxito de sus egresados… Del lado opuesto, se dan procesos culturales a fin de cuentas simultáneos, se desarrolla la sociedad civil (con los derechos humanos en primer plano), hay una genuina internacionalización de la cultura y se liquida gradualmente el sentimiento de lo “periférico” en artes y letras.

Es de resaltar, sin embargo, el trabajo de reflexión que Volpi realiza en la “Segunda consideración”; en esta parte consigue de manera amena retratar las características de la construcción del espacio político en América Latina y realiza una caracterización densa sobre los elementos que constituyen los diversos procesos políticos de nuestros países. Plantea la institucionalización de la vida política enunciando una de sus paradojas: “Paradoja latinoamericana: de un lado, la hipócrita veneración de las leyes escritas y, del otro, el burdo desprecio hacia su práctica”. Esta idea de la doble moral ya había sido abordada por John Lynch en algún otro texto [América Latina, entre colonia y nación], aunque éste refiriéndose a la influencia de lo religioso dentro de la vida social; pero cuya tesis de conflicto puede ser asumida de manera sinónima sin problemas.
         Su descripción del “caudillo democrático” redunda en la relación medios-política como un tándem que no puede ser pasado por alto: “El caudillo democrático© se aleja de las Cámaras y se rinde ante las cámaras”. Más allá de la pirueta retórica, retoma uno de los elementos más conflictivos en los intentos de comprensión de América Latina: el papel de sus caudillos (concepto alrededor del cual uno de mis estudiantes, José Luis Pérez Santis, desgrana reflexiones más que pertinentes en su trabajo de fin de semestre que comentaré próximamente). Para Volpi la figura es conflictiva, porque tienen que confluir en la construcción de otro estereotipo, variadas ideologías que responden a grupos de interés incluso antagónicos. Hay una antipatía manifiesta por la figura de Hugo Chávez (los Castro son una mafia que finiquita desde la adjetivación de “tiranía” y no se preocupa en analizar ni epidérmicamente) y en, general, por los caudillos surgidos de la izquierda que han alcanzado notoriedad en elecciones recientes en nuestro continente. López Obrador es una figura complicada, incluso en términos de redacción, aparece siempre entre paréntesis o con guiones que lo separan de aquellos que sí obtuvieron las presidencias de sus países (aunque ponga a Ollanta Humala entre éstos, sin que haya resultado ganador).
         Es acá donde plantea la posibilidad de generar una comunidad americana que incluya a los países del Norte como parte de esa configuración, incluso iguala estos planteamientos con la posibilidad de que Bolívar apoyara esta idea:

[...] Acaso el tricentenario de las independencias podría celebrarse con una auténtica unión, en condiciones de igualdad y respeto, de todos los países de América. Sé que esta posibilidad incomodará a muchos, pero es la mejor esperanza que tienen sus habitantes de desarrollar sistemas democráticos más sólidos, transparentes y equitativos, desprovistos del oprobio que significan las fronteras nacionales. Quizás a Bolívar no le disgustaría tanto la idea.

La tercera consideración está dedicada a la cultura latinoamericana (o de actores de los países de eso que se llama América Latina) y la descripción de las peculiaridades de las generaciones posteriores al boom de la literatura como el germen de un nuevo estado de cosas. De resaltar es la reflexión que anima el análisis de la obra de Roberto Bolaño, a quien el autor denomina “el último escritor latinoamericano”. La razón del éxito del chileno, Volpi lo explica argumentando que su propuesta no proviene de la influencia del boom, sino de un mecanismo contrario al utilizado por los autores incluidos en esa denominación:

Si los miembros del Boom escribían libros centrados en sus respectivos lugares de origen con la vocación de convocar la elusiva esencia latinoamericana, Bolaño hizo lo inverso: escribir libros que jugaban a pertenecer a las literaturas de estas naciones pero que terminaban por revelar el carácter fugitivo de la identidad. Al impostar las voces de sus coterráneos, Bolaño se convirtió en el último latinoamericano total, capaz de suplantar a toda una generación.

Dos cosas merecen atención aparte en su texto. Por un lado la comparación que hace de las características del escritor latinoamericano del Boom con respecto al de nuestros días. Pero eso es algo que requiere otro texto. Por otro lado, digno de revisión es el canon que propone como “Breve inventario de obras de autores latinoamericanos nacidos a partir de 1960”. Relación que, como antología de nombres y obras, más que de textos, presupone el futuro y las tendencias estéticas que deberán marcar los años próximos en las letras latinoamericanas.
         De la última consideración, un juego de prospección que intenta descifrar el futuro de la región hasta el 2110. En una serie de suposiciones que, más allá del ejercicio legítimo de imaginación bien informada, no pude pasar más que por un (otro) inventario de deseos-temores-proyectos de una región que, según la tesis central, es inexistente.
         Rescatable de esta última parte es, sin lugar a dudas, la reflexión que Volpi hace alrededor del manejo político que se hará de las “celebraciones” de los bicentenarios de las independencias:

Nada como los bicentenarios para concitar fantasías de progreso, paz y comunión en nuestras alicaídas democracias. O al menos así lo piensan nuestros políticos: una buena borrachera para distraer la atención de la gigantesca crisis económica que, como un tifón largamente anunciado, golpea con toda su fuerza a la región; una cortina de humo para ocultar o al menos opacar la inseguridad, la corrupción y la miseria de nuestras repúblicas. [...] Paradójico año 2010: celebrar el fin de nuestra dependencia de una potencia extranjera justo cuando somos víctimas de los errores, los vicios y la avaricia de los especuladores de otra potencia extranjera (o en realidad de la misma que hemos padecido desde la expulsión de los españoles).

El texto es un material que requiere ser leído con atención. Creo que una de sus principales características radica en que la atención del autor se centra de manera neurótica en las posibilidades abiertas hacia el futuro, con el riesgo de que ese camino pre-visto pueda fracasar por no atender con suficiencia el pasado que significa (y mucho) la posibilidad de que la idea de América Latina (a pesar de los presagios/decretos de desaparición) sea un concepto que necesite resignificarse y que sobreviva, incluso, con la molestia intelectual y práctica que suscita su referencia.
         La lectura del ensayo es fluida, pero existen partes que no resisten un análisis puntilloso. Contradicciones que convergen en cuestiones que, por otro lado, resultan irresolubles, como la relación mercado-identidad-literatura (arte). Con muchas cosas incompletas o debatibles en extremo, sin embargo, el texto de Volpi pone muchos elementos de reflexión de cara al mediático y utilitario 2010. Para atender antes de iniciar la vorágine de “bicentenarios” continentales.

Jorge Volpi, El insomnio de Bolívar. Cuatro consideraciones intempestivas sobre América Latina en el siglo XXI, México, Debate, 2009. (Premio Iberoamericano Debate Casa de América 2009).

El Colectivo NOSTROMO tiene el agrado de invitarlos a la mesa redonda titulada “La frontera y sus problemas. Miradas desde la historia y la antropología”.


Coordinan: Carlos González Herrera y Sara Ortelli


Ponentes:

  • Diego Andrés Ramírez Giraldo (UNAM)

Fronteras de guerra y guerras fronterizas en Hispanoamérica, siglo XVIII

  • Sebastián Gómez González (UNAM)

La cuenca Amazónica: una frontera de larga duración.

  • Sara Ortelli (CONICET, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires)

Las sociedades de frontera en Hispanoamérica colonial: nuevos enfoques, temas y problemas. A propósito de Bárbaros, de David Weber

  • Carlos González Herrera (El Colegio de Chihuahua)

Una mirada a la frontera desde la frontera

  • Comentarista:

Antonio Escobar Ohmstede (CIESAS, México D.F.)


Miércoles 18 de noviembre, 18.00 hrs.


Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Sala Simón Bolivar

Programa disponible (de click aquí)

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Tomado de: Nuevo Mundo, Mundos Nuevos

“Parricidio Intelectual”, NOSTROMO. Revista Crítica Latinoamericana, año I, n°1, Invierno 2007, México DF, Colegio de Chihuahua AC / PUMC de la UNAM, 200 p.

 

 

 

Por: María Eugenia Albornoz Vásquez

Nostromo es una joven y densa revista que vierte sobre la realidad y la sociedad latinoamericana una mirada incisiva y profunda, que al mismo tiempo hinca la pluma y el diente hasta la médula y que no suelta su presa sino hasta después de haber masticado agudamente, incluso ácida y cruelmente, varias de sus aristas, pliegues y honduras.

Osado proyecto que aplaudimos, Nostromo es viento fresco y sangre nueva, dupla que viene a remover con entusiasmo pilares que se pretendían inamovibles, a sacudir con preguntas impertinentes y lúcidas varios baúles un tanto vacíos, sobre todo pesadamente fijos, de nuestro salón continental. De hecho, ésa es la envergadura de la mirada : una de las ambiciones de los editores y redactores de Nostromo es generar puentes trans-fronterizos, convertirse en pasadores y receptáculos internacionales, abrir verdaderos caminos intercontinentales hacia un debate de calidad que implique también, necesariamente, a los más jóvenes y que desincruste, entonces, nombres y sombras, límites y parcelas añejos. La idea es generar espacios que acojan e impulsen la verdadera co-existencia de varias miradas americanas, poner codo a codo cabezas y manos provenientes de distintos rincones en un trabajo conjunto, mixto, compartido, reunido. Pero atención, nadie quiere alisar ni limar diferencias hacia un perfil único : por el contrario, se insiste en acoger diferencias y reconocer originalidades en una misma marcha intelectual de escritura conversada, enraizada en sujetos encarnados que cuestionan e interrogan, responsablemente, porque son capaces de sacudir imágenes, de inventar desde la crítica lo que ya empieza a ser, pero que cuesta tanto escuchar y difundir.

El viaje intelectual de Nostromo se instala en los signos del mar, todo se propone aquí según el lenguaje de la navegación. Cinco secciones organizan los contenidos de la revista : Timón, que es la editorial ; Nudos, que es el planteamiento teórico y crítico para situar cada número temático ; Navegaciones, que acoge las tres grandes líneas de reflexión y debate (Política, Letras y Cultura) más un Cuaderno de Bitácora, que muestra un pulso concreto como abordaje de la situación ; Sotavento, con reseñas críticas y reacciones comentadas de lo que se publica y circula en los mercados culturales ; y Barlovento, que genera un lugar para ensayos personales. Siguiendo la apuesta por la multi-expresión, se adjunta un cuadernillo destinado a exponer creaciones seleccionadas de algún artista, en lo que se denomina Nostromo/Arte.

Esta apuesta plural surge de un Colectivo obstinado en la necesidad de borrar individualidades ; es una opción que descoloca, quedamos desprovistos de referentes para situar los bagajes intelectuales de los autores. Las informaciones que los conciernes se reducen al mínimo : nombre y bibliografía utilizada, es todo ; nada de disciplinas recorridas, grados académicos ni institución de pertenencia, no se inscriben redes ni solidaridades comprometidas. Así, sólo sabemos que se trata de un equipo hispano parlante con referencias occidentales amplias y que Nostromo gusta definirse como objeto cultural. Que es un proyecto largamente pensado y seriamente trabajado, que toma metáforas y nociones del lenguaje vivo, del mundo cinematográfico, y también de la web, para desmenuzar discursos desde hablas y pensamientos nuevos y mezclados. La interrogación, nunca simplista ni banal, no elude claves intrincadas ni símbolos delicados – de vanguardia o añejos y sacrosantos – sino que los re-utiliza para testear qué tienen de vigente, cómo ocultan o iluminan, qué pueden decir de pertinente y cómo sobreviven junto a otros, en solitario o convocantes.

Premunidos de ese propósito cuidadosamente preparado, los editores y redactores, coordinados por Horacio Crespo, titularon su primer número, éste que presentamos, “Parricidio Intelectual”. “Nudo iniciático”, paso de origen y rito de entrada, reúne exploraciones contemporáneas sobre el ahogo mental, espiritual e identitario que generan las ideas preconcebidas, eso de que los padres son intocables o por el contrario, necesariamente víctimas de los hijos. La autoridad, verticalidad, jerarquía y orden se desperfilan junto a las dudas, las sombras, la incertidumbre, la mentira y la inconstancia. Son reflexiones concretamente apoyadas sobre el peso y la ausencia de una marca generacional que origina y que también opaca, en la historia, la política, la creación, el discurso, la expresión, el soñar y el existir de los y las americanos.

Así por ejemplo, junto a un dossier sobre la vapuleada Venezuela de este siglo XXI, que ataca el conjunto “militares, poder, política y sociedad”, encontramos, entre otros varios trabajos, una aproximación a los parricidas en el cine continental y distintas reflexiones sobre los vínculos de “lugares sociales” como Chile, Colombia y Nicaragua con sus padres simbólicos y sus padres históricos, los de oro y los de barro, los petrificados y los brillantes. Los artículos son encuentros con fantasmas y también son paseos con los personajes de obras literarias – fundantes o efímeras, no es ése el punto – que hablan, gritan o evocan las paternidades de y en esta Latinoamérica nuestra, a veces tan poco crítica, subterránea y estridente a la vez.

El tema escuece porque su peso histórico en nuestro continente es abrumador, y la estética, la filosofía o la poesía no bastan para abordar todas las capas que lo habitan. Los autores lo saben y por eso brindan trazos incompletos, que empujan al lector a hacer dos gestos : el interno de profundizar los propios recuerdos y referentes y el externo de discutir con los discursos develados. Pequeñas bibliografías excelentes junto a notas al pie precisas completan una lectura que – albergada en una diagramación salpicada de detalles marinos – se eleva feliz hacia otras reflexiones. Es un placer dejarse guiar e influenciar por los cruces sugeridos, hace tiempo que no encontrábamos tan agradable y estimulante provocación intelectual, verdadera inteligencia toca decir, en las publicaciones latinas.

Precisamente esta agudeza crítica y esta solvencia de pensamiento fueron los que convencieron a las instituciones que auspician Nostromo : esta revista está financiada por la reunión de varios fondos (El Colegio de Chihuahua y por la UNAM, entre otros), especialmente dispuestos a apoyar iniciativas innovadoras desarrolladas mayoritariamente por las generaciones jóvenes. De acuerdo a lo que se anuncia, los siguientes números se destinarán a los Estudios Latinoamericanos (n°2, ya publicado), las Fronteras (n°3) y a las Vanguardias (n°4). Además el colectivo Nostromo mantiene un sitio web donde varios de los artículos se encuentran disponibles, <http ://www.revistanostromo.net/portada.html>. ¡Enhorabuena y feliz continuación!

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Para citar este artículo

Referencia electrónica

María Eugenia Albornoz Vásquez, « “Parricidio Intelectual”, NOSTROMO. Revista Crítica Latinoamericana, año I, n°1, Invierno 2007, México DF, Colegio de Chihuahua AC / PUMC de la UNAM, 200 p. », Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Reseñas de libros y CD roms, 2009, [En línea], Puesto en línea el 17 septembre 2009. URL : http://nuevomundo.revues.org/index56895.html. Consultado el 06 octobre 2009.

 

 

Dicen que cuando cuando concluyó la ceremonia de inauguración del monumento a Mafalda (en la esquina de las calles Chile y Defensa, frente al edificio de Chile 371, en el barrio de San Telmo, Buenos Aires, donde vivió Quino), el padre de este maravilloso personaje atinó a decir: “Me impresiona dejarla ahí solita”, en referencia a la escultura de Pablo Irrgang.
          Yo, sinceramente, no creo que Mafalda esté ahí solita. Creo que está más que acompañada de las legiones de personas que conformamos su ejército de admiradores, seguidores y émulos. Al menos a mí, el corazón me da un vuelco juguetón cuando veo la imagen de la pequeña sentada en esa banca [la pequeña, ¡vaya con el espíritu animista!]. Habrá más de uno que irá a sentarse ahí aunque sea por el puro pretexto de sacarse una foto. Inicia la época rock star de Mafalda. Yo también quiero mi foto.

Click en la imagen para agrandarla.
Desde Alemania, Marcus Schroeder se sintió conmovido por la lectura de El eternauta de Héctor Germán Oesterheld y decidió filmar un corto que se puede ver aquí. A pesar de ser una versión dirigida principalmente a los lectores que conocen el comic, creo que logra transmitir un poco la sensación de orfandad e incertidumbre que recorre a la historia de Oesterheld durante las primeras páginas de la historieta. Se requiere un concocimiento previo de la trama, pero para quien se quiere arriesgar por primera vez con los personajes, funciona de introducción, como de trailer involuntario. Se puede ver una entrevista al director acá.


Para los interesados en la obra del chileno, clíquenle a la foto y encontrarán un archivo sui generis sobre su obra, vida y demás. Realmente enviciante ponerse a ver la cantidad de material reunido ahí.

Lo apapachó

Lo apapachó

-Así que argentino…
          -Sí.
          -”Sencishito y carihmático” -dice ella y se larga a reír.
          Yo también me río, para no contrariarla ni romper este instante, pero por dentro pienso por qué esa generalización mexicana del argentino como un ser pedante, engreído. ¿Será simplemente un contraste inevitable de usos y costumbres entre un país formal y cortés como es México, donde por ejemplo en un bar del centro de esta misma ciudad pude ver un cartel que decía El baño no es público: por favor; evíteme el disgusto de tener que negárselo, y otro como Argentina , en cuyo caso el cartel no me consta, pero diría nada más que El baño no se presta o algo así? ¿O será que una conquista más brutal y conflictiva, quizá no tan basada en el exterminio como en el dominio de la población prehispánica, hizo de México un país más servil que Argentina, un país con una especie de complejo de inferioridad, que cuando no escucha lo que le dicen en vez de preguntar “cómo dijo” prefiere pedir “mande”? ¿O tendrá razón el Gringo Battaglia -desde su posición autoproclamada de cordobés entendido en la materia porque ha hecho uno que otro viaje al extranjero- cuando nos decía que la imagen de los argentinos en el exterior es la que se tiene en el interior de Argentina respecto de los capitalinos, es decir los porteños, que con su espíritu creído y fanfarrón -palabras del Gringo Battaglia- “salen a pasear por el mundo creyéndose los námber uán para de paso hacernos quedar como una reverenda mierda a todo el resto del país, cuando los únicos agrandados son ellos, los de Buenos Aires”? Mmm, no sé. No creo, es un enfoque demasiado parcial. ¿Quizá tenga que ver en esta imagen el hecho de que buena parte de los argentinos que viven aquí en México hayan sido exiliados a causa de los gobiernos militares, gobiernos que no querían a ciertos intelectuales, precisamente a los que estudiaban en la Facultad de Filosofía y Letras, en la de Ciencias de la Informacion, en la de Ciencias Políticas y en otras que eran peligrosas porque en ellas se pensaba demasiado; gobiernos que ocasionaron que toda esa gente que pensaba demasiado viniera a pensar acá, pensando en el camino que ellos pensaban mucho y que por eso se habían tenido que ir, pensando al llegar que ellos pensaban tanto que aquí eran los únicos que pensaban, pensando tanto en estas cosas que terminaron creyéndoselo, forjando así ese engreimiento percibido, aunque no necesariamente real, que hace que aquí se piense tan mal de todos nosotros?
          No sé. Yo no soy quién para hacer estas preguntas. Mucho menos para responderlas.

Martín Cristal, Bares vacíos, pp. 108-109.

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